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La desventura de carecer de futuro
Viendo el problema de la migración desde la perspectiva nacional nos preguntamos: ¿por qué se expondría una persona a pasar esa serie de penurias, pagar un monto elevadísimo para solamente tener la oportunidad de que en un alto porcentaje no se llegue a realizar? Tenemos entonces que bajo esta perspectiva la motivación es muy fuerte, y es la pobreza, la falta de oportunidades, la fuerte necesidad de tratar de llevar adelante a la prole y mejorar las condiciones de vida que se experimentan. Entonces sí se comprende a cabalidad el fenómeno.
Es cierto que grandes calamidades nos aquejan en el presente, pero la principal es parte de nuestra historia y nos acompaña desde el inicio de la Colonia, si no antes: esa desproporción de nuestra realidad socioeconómica en la que pocos tienen mucho y muchos no tienen casi nada. Y nunca se ha logrado equilibrar esta situación por el mantenimiento de un Estado, que, a manera de colofón, también es paupérrimo. Visto así también por la realidad percibida y vivida por los guatemaltecos, se lanzan a esa aventura saturada de criminalidad, de abusos y de incertidumbre. La figura del migrante es la representación de la lucha por la vida, el terrible desasosiego que produce la crónica falta de oportunidades. La migración es el viejo estigma que aparece como el famélico espectro del hambre y aclara muy bien quiénes son los poderosos. Vemos a los estadounidenses cerrar líneas en contra de esa mano de obra que ha levantado sus edificios y que mantiene sus sembradíos. Vemos también quiénes nos quedamos aquí y nos arropamos seguros cada noche. El migrante, en cambio, se va tras un sueño, tras el escurridizo deseo de un tal vez lleno de esperanzas y, lo mismo que la caja de Pandora, solo con eso se queda.
Ninguna ilusión dio de comer a nadie, ni tampoco ningún sueño nos vistió de gala. Pero aún así prefieren lanzarse al peligro que morir aquí, viendo a sus hijos y a su familia languidecer de hambre, de ignorancia, y viviendo siempre al margen de una vida plenamente humana. Esa es la causa y ese el preocupante cuestionario que nos debemos hacer. ¿Cuánto de ese sufrimiento del emigrante nos corresponde a nosotros curar? ¿Cuánto de ese desmembramiento familiar nos alcanza con violencia? ¿Cuánto nos corresponde pagar realmente al fisco si queremos programas que los salven? ¿Los queremos salvar o simplemente son una noticia vendible y hasta material de arte?
Debemos reconocer que si las condiciones de este país mejoraran, si existieran programas auspiciados por una verdadera y real tributación, si las organizaciones de la sociedad civil, la universidades y el conjunto de instituciones lo quisiera, esto sería posible y los viajeros no irían tras la fantasía empujados por la pobreza y la necesidad de intentar un cambio en sus vidas y familias. Seamos conscientes e intentemos el cambio.
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08-09-2010
Desafíos del Estado
La recesión económica internacional, los efectos del cambio climático y el combate al narcotráfico y el crimen organizado representan los principales desafíos del Estado. Enfrentar tal situación requiere de un Estado fuerte financieramente que permita destinar más recursos para la reactivación económica, la reconstrucción de la infraestructura productiva, social y de comunicaciones y la necesidad de alimentos, medicamentos y agua potable para la emergencia, así como los recursos necesarios para emprender la reforma policial, el cumplimiento del Acuerdo Nacional de Seguridad y el fortalecimiento de la institucionalidad de administración de justicia.
Estos son los desafíos que Guatemala enfrenta en la coyuntura, pero que tendrá que asumir de manera estratégica con seriedad y responsabilidad en el corto y largo plazo. La realidad actual nacional e internacional, que marca el inicio del siglo XXI, es un escenario que definitivamente requiere de un Estado fuerte.
La experiencia histórica y reciente ha demostrado que los mercados por sí solos no se ajustan y que el Estado debe jugar un rol de regulación, promoción y ante todo de redistribución del ingreso que garantice gobernabilidad y una ruta sostenida de reducción de la pobreza, creación de empleo, inversión y crecimiento económico.
El cambio climático ubica a Guatemala como uno de los países que sufrirán los mayores efectos negativos de las distorsiones en el ambiente en América Latina, lo que requiere el impulso de una agenda de reformas institucionales y legales que permitan una fuerte protección del medio ambiente, así como de inversiones millonarias. La amenaza del crimen organizado y el narcotráfico ahora tiene implicaciones de carácter transnacional que al igual requieren de una mayor fortaleza institucional, inteligencia y recursos financieros. Las prioridades son claras. Hay que tener visión de Estado y llegar a acuerdos urgentes sobre la necesidad de dotar de más recursos al Estado.
No hay que perderse en la coyuntura electoral ni en los prejuicios y pasiones que se desatan a su alrededor. Guatemala requiere de un Estado más fuerte financieramente. Necesita más recursos para combatir la pobreza, garantizar la infraestructura nacional, reactivar la economía y fortalecer la seguridad. La ruta es clara: hay que aprobar urgentemente la ampliación presupuestaria y autorizar una nueva colocación de Bonos del Tesoro por alrededor de Q2,000 millones (es viable técnica y financieramente, el nivel de endeudamiento es bajo para Guatemala y se justifica plenamente en un escenario de recesión económica y desastres nacionales).
Estas medidas de urgencia deben abrir paso a la aprobación de la Ley Antievasión II, que cuenta con el respaldo del sector económico, e inmediatamente impulsar un diálogo sobre la reforma integral del Impuesto sobre la Renta, de cara a una transición política y financiera estable para el nuevo período de Gobierno 2012 - 2016.
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Representaciones fotográficas de las mujeres
guatemaltecas de inicios del siglo xx
Hace más de un año me dedicaba a urgar en fotografías tomadas por guatemaltecos o extranjeros de inicios de siglo xx, y mi mayor interés residía en la forma en que fueron fotografiadas las mujeres. Inicialmente pensaba que las mujeres de clases acomodadas de la época debían haber sido más fotografiadas que las mujeres de escasos recursos, y que las diferencias estaban marcadas por la clase social, la geografía y el paisaje. Efectivamente encontré diferencias grandes, pero pude notar que la fotografía era una forma de dejar testimonio imaginario de distintos aspectos de la cultura guatemalteca, y que si para las familias con recursos económicos fotografiarse significaba dejar constancia de su existencia como miembros de una clase social específica, los fotógrafos también se interesaron por otro tipo de mujeres, desde una perspectiva antropológica, que provenían de distintas clases económicas. Lo interesante de esta etapa fue observar que la fotografía funcionaba testimonialmente, ya que hoy podemos imaginar cómo lucían las mujeres de la capital o de la provincia, qué tipo de ropa vestían las mayas de ese período, cómo llevaban el cabello las mujeres de las distintas clases sociales, etc., a través de las instantáneas que permiten reconstruir un pasado que va quedando sin referente imaginario. Hay dos rasgos en estas instantáneas que me hacen reflexionar sobre nuestro fenómeno de transculturación; el primero es que las mujeres de escasos recursos se sentaban en cajas de madera para ser fotografiadas y que las campesinas no llevaban puesto el traje tradicional, cuyo uso es un marcado rasgo identitario, en tanto las mujeres con mayores recursos económicos y de origen obviamente ladino se sentaban en sillas o sillones, solas o acompañadas, y solían vestir a la española, marcando su origen y ascendencia. Fue importante constatar también que la fotografía de este período sobre mujeres tiene un fuerte componente documental y antropológico, cuya lectura todavía hay que hacer a fondo. |
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El simple crecimiento
no es desarrollo
Las ciudades surgen para cumplir funciones de Gobierno, vivienda, comercio, educación, salud, entretenimiento, etcétera; se comportan como un organismo vivo que se transforma, requiere de servicios y mantenimiento y, por supuesto, crece. Para eso, el Estado crea instrumentos técnico-legales, como planes de desarrollo, de ordenamiento territorial y de conservación, que permitan ofrecer una digna calidad de vida a sus residentes.
En los años 50-60 del siglo pasado, la ciudad de Guatemala empezaba a manifestar agobio por su crecimiento desordenado, lo que provocó importantes ensanchamientos urbanos como el bulevar Liberación, Trébol, Aguilar Batres y Roosevelt, que permitieron la ubicación de industrias y nuevos proyectos habitacionales. Hasta entonces, la mayoría de actividades se concentraba en la zona 1 y su principal función política era ser sede del Gobierno central, representado por los palacios Nacional, Legislativo y Corte Suprema de Justicia.
Uno de los más importantes intentos urbanos por descongestionar el área fundacional de la ciudad fue la creación del Centro Cívico, que incluyó el Centro Cultural en la colina de San José Buena Vista y la demolición de la Penitenciaría Central. El conjunto debió quedar intercomunicado peatonalmente a través de escalinatas, plazas y otros espacios abiertos, enriquecidos con murales integrados a la arquitectura moderna y contemporánea que recién estrenaba Guatemala, como resultado de su modernización.
A esos proyectos siguió el Esquema de Desarrollo y Ordenamiento Metropolitano, que retomó la idea del Anillo Periférico y propuso estudios de desarrollo urbano que no tuvieron un final feliz. Gobiernos sucesivos dejaron de planificar a gran escala, enfocándose en resolver las demandas que el desbordamiento vial, comercial y habitacional provocan, muchas veces permitiendo que la iniciativa privada tome ventaja de sus estudios, lo que hace difícil aplicar las soluciones previstas debido al alza del valor de la tierra que esa mala práctica impone.
El mayor crecimiento lo han dado los nuevos proyectos de vivienda, regularmente producto de la especulación, en los que la planificación se enfoca en alcanzar la mayor explotación de la tierra; se usan las rutas existentes, sin proponer nuevas calles públicas y, so pretexto de la inseguridad, haciendo condominios cerrados, autocontenidos, sin integrarse a la trama urbana existente y, menos aún, a las comunidades en donde estos proyectos tienen lugar. |
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Orgullo patrio
La vida de las comunidades muchas veces está marcada por las fiestas de carácter colectivo. En Guatemala empezamos con el Año Nuevo, seguido de la Semana Santa, el Día de la Madre, el Día del Padre, el Día del Maestro, las fiestas patronales, el 15 de Septiembre, el Día de Todos los Santos y terminamos con la Navidad.
Ahora nos preparamos para celebrar el 15 de Septiembre. En las calles y edificios hacen su aparición las banderas y sus colores, aunque ya no tanto como antes. En las instituciones educativas se prepara a los educandos para la celebración: decoraciones, actividades culturales, bandas de guerra (bueno, escolares), desfiles, concursos de poesía, elección de reinas de belleza y otros actos más.
Se aprovecha el festejo para insistir en lo orgullosos que debemos sentirnos de ser guatemaltecos o guatemaltecas, en el respeto que debemos profesar a los símbolos patrios y en la importancia de participar en las ceremonias con espíritu cívico. Sin embargo, en eso se queda todo.
El orgullo y el respeto por nuestra nación se construyen con mucho más que una simple repetición o memorización de normas cívicas. En el caso de la niñez y la juventud, no los formamos como ciudadanos porque les hacemos creer que el patriotismo se resume en adornar, participar en actos y desfiles militares y votar por la reina. Más allá de eso, necesitan aprender a servir a la patria, que no es más que servir a su comunidad.
La persona que puede sentirse orgullosa de su patria es aquella que participa activamente en su construcción, sabe que sus actitudes y acciones contribuyen a crear un mejor país y actúa de acuerdo con esto. Antes de respetar los símbolos patrios, aprende a respetar y amar a sus conciudadanos; porque para esta persona la nación no es un mapa frío y ajeno; es la comunidad donde vive, su familia, sus vecinos y sus connacionales.
La independencia de Guatemala no es un hecho consolidado. Seguimos luchando por alcanzarla porque aún no somos un país con capacidad de autodeterminación, no hemos logrado formar una Guatemala libre, pacífica y generosa para con todos sus habitantes.
Entonces… ¡Qué hermoso sería celebrar el 15 de Septiembre con algo más que desfiles y actos cívicos! Una celebración en la que todos los guatemaltecos y guatemaltecas dedicáramos el día al servicio de los demás, en que los estudiantes se involucraran en labores que llevaran a mejorar su entorno y la vida de su comunidad cercana. Un festejo en el que aprendiéramos a amarnos y respetarnos unos a otros, para poder decir: ¡Amo a Guatemala! |
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