Pablo Rodas Martini, economista y jefe del Banco Centroamericano
de Integración Económica (BCIE)
Según proyecciones del BCIE, la economía de Guatemala podría crecer entre 1.3 y 2.3% en 2010. Rodas Martini señala que es una recuperación aún moderada, pero positiva, y que lo más importante de la lectura no es solo que lo peor de la crisis ha pasado, sino que dependen de la capacidad del país de lograr agendas comunes para sostener la reactivación.
"Sigue siendo necesaria
una reforma tributaria para apoyar la reactivación"
Agustín Ortíz
Se dice que Guatemala inició su recuperación. ¿Qué indicadores sostienen esa proyección?
Si vemos el Índice Mensual de la Actividad Económica (Imae), que es uno de los principales indicadores del desempeño de la economía, aparentemente la crisis ya tocó fondo. La expectativa del Banco de Guatemala es que, si bien el sector de la construcción todavía tendrá una merma en 2010, sectores como el financiero y otros tendrían una recuperación positiva.
Otra ventaja de Guatemala es que, comparado con otros países de Centro América, tiene una economía diversificada, y eso es otra de las variables que incidirán en una eventual recuperación de la economía nacional.
Pero ¿qué pasa si vamos más allá de las variables del mercado, como la inseguridad o los factores asociados al cambio climático?
El problema es que es muy difícil incorporarlos dentro de la ecuación de crecimiento y tratar de asegurar que la sequía va a ser de tal dimensión o que la temporada de huracanes va a tener tales efectos en la región centroamericana.
Aun así es de preocuparse. En el tema de la sequía, por ejemplo, el sector agropecuario en Nicaragua ya está teniendo dificultades por la escasez de agua. En Panamá también hay preocupación. Y no digamos en Guatemala, donde no solo impactaría el sector agropecuario, sino en otros como el energético.
Del mismo modo sabemos que el ciclo de huracanes es una amenaza permanente sobre la región. Son factores difíciles de contabilizar dentro de las proyecciones, pero sin duda tendrán un impacto sobre el desempeño económico en determinado momento.
En cuanto a la inseguridad, un estudio reciente en El Salvador indica que el costo de la violencia suma al año unos US$1,200 millones. La mitad son de pagos de las empresas para contratar seguridad, otros US$300 millones son para compensar daños y los US$300 millones restantes son de gastos adicionales.
Esta cifra se puede aplicar al caso de Honduras y Guatemala, dados los índices de inseguridad similar, y sin duda es un freno estructural que tienen las economías centroamericanas que es importante subsanar.
La política fiscal es determinante para apoyar la reactivación en tanto la demanda interna mejora, pero ahora mismo el Gobierno tiene recursos limitados.
Lo ideal es que hubiera sido en el primer año del Gobierno, como lo piensa hacer Honduras, lo que seguramente va a hacer Costa Rica, lo que está haciendo Panamá o como en El Salvador, donde el nuevo Gobierno heredó, a su entrada, la reforma
tributaria.
El tema tributario es importante, y una reforma en esta materia es justificable. Y más si vemos cómo cayó la recaudación en 2009 o que la carga tributaria ha perdido casi dos puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB) en menos de dos años.
En Guatemala, aunque ya un poco a destiempo, todavía hay posibilidades. El reto aquí es lograr un balance entre quienes piden aumento de la carga tributaria para apoyar la reactivación y el empresariado, que dice que no es un momento oportuno debido a que podría frenar esa
recuperación.
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