La sociedad guatemalteca debe hacer un alto en el camino, no para buscar culpables de los problemas que la aquejan, sino para solucionarlos antes que se transformen en colosales tsunamis que destruyen todo a su paso.
Este problema va creciendo si observamos cómo muchas niñas menores de edad se suicidan a consecuencia de un embarazo no deseado, pero entonces ¿quién nos paga el pato, otro menor de edad que fue co-responsable del acto sexual?, o la emprendemos contra una serie de organizaciones que buscan simplemente dañar a quien se le ponga en el camino, o mejor aún por qué no la emprendemos contra los padres de familia de los dos adolescentes.
Como sociedad civilizada debemos apoyar todo movimiento que busque educar a las nuevas generaciones, pero para el efecto debemos quitarle el manto de supuesta pureza a una gran cantidad de personas que por llevárselas de puritanas no dan su brazo a torcer y continúan desinformando a las grandes mayorías.
El reto de esto es que debemos entender y comprender que la educación sexual no debe ser tomada como un tabú y, sobre todo, es indispensable que los padres de familia tengan la suficiente madurez mental para poder explicar de forma constructiva cuáles son las diferencias entre hombres y mujeres.
Recuerde amigo lector que los niños ahora ya traen un chip especial que les permite razonar sobre casos de la vida cotidiana y, cuando se habla del tema, ellos, aunque no me lo creo, tienen diferentes nociones de lo que nosotros nombrábamos como Cigüeña o cuantos más cuentos nos enseñaron de infantes, pero al decir nociones no significa que debamos creer que se la saben todas, simplemente es indispensable enseñar sobre consecuencias para evitar ser cazado por la nueva Inquisición.






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