No soporto a esos “animales” que manejan los buses rojos.
Los choferes, si a eso se le puede llamar así, son temerarios que corren como si estuvieran en un circuito de Fórmula 1, que paran donde les ronca la gana, suenan la bocina al que no le cede el paso y de ganancia le sacan la madre a medio mundo.
Cuando ya no cabe ni un alfiler en el bus, son tan descarados que aseguran que aún hay espacio. Hasta ladrones son, ya que al propietario del bus no le dicen que con el dinero del pasaje compran sus agüitas, sus tortrix, el almuerzo y de ganancia invitan a los cuates.
Si les dan ganas de orinar, simplemente paran la unidad y lo hacen en plena calle, como perros. Para regarla más, le cobran al usuario tarifas no autorizadas por la comuna y hay de aquel que se atreva a protestar.
En ese contexto, cómo chingados quieren que la población no se moleste cuando la semana pasada realizaron un paro, donde violentaron el derecho a la libre locomoción de una gran cantidad de guatemaltecos. Además, perjudicaron a todos los que ese día iban a su trabajo.
Según estos "angelitos" –los choferes–, la Municipalidad capitalina es muy mala y los ha multado injustamente por infracciones que no han cometido. No sean maricones, paguen esas multas que con creces se las habrán ganado y dejen de hacer berrinches en plena calle; la comuna deberá recoger esos buses que todos los días provocan atascos, accidentes e incumplen el Reglamento de Tránsito, pasándoselo por el arco del triunfo.
Señor Alcalde, sea intolerante con estos primitivos de los buses rojos, quienes ya deberían tener los días contados; estoy seguro de que muchos de ellos ni la licencia profesional portan. Adelante con el proyecto del Transmetro, lo más exitoso de su administración, pero debe ser en toda la capital. Así que agilícelo, sir Álvaro Arzú; métale candela, ¿o va a esperar para las siguientes elecciones?
La población debe pelear por el derecho de tener un mejor servicio. Recuerde que la lucha por los derechos civiles, o mejor dicho, por la gente de color en los EE. UU., comenzó cuando una mujer negra peleó su derecho a ir sentada, aunque el lugar que ocupaba era reservado para los blancos.
Un año pasaron sin utilizar ese transporte, hasta que lograron su objetivo. Será que nosotros tendremos esa voluntad para cambiar ese mal servicio. Yo tengo mis dudas –no por mí–, pues hago la salvedad de que yo no tengo carro y por lo regular me movilizo a pie, ya que no soporto a esos “animales” que manejan los buses rojos.






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