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¿Quién defiende la corrupción?
Obviamente, la corrupción se mueve de manera orquestada. Cuenta con todo un andamiaje para enmascarar a los corruptos y contrarrestar las acciones legales encaminadas a combatirla, procesar a los hechores y juzgar sus actos. Como quien espera en la oscuridad, toda esta maquinaria de desinformación está lista para accionar al menor indicio de fuertes señales de lucha frontal para combatir la corrupción hasta lograr extirparla de todas las instancias del Estado, en donde permanece enquistada. A toda acción hay una reacción y, según este axioma, es lógico observar diversos tipos de maniobras para defender lo indefendible, como son los numerosos actos de corrupción del gobierno presidido por Álvaro Colom, que manejó como quiso fideicomisos y recursos estatales sin fiscalización y gastó miles de millones de quetzales en clientelismo político. Los hechos están a la orden del día: un total saqueo de las arcas nacionales y manipulación de información. Por supuesto que el plan de enmascaramiento también ha contemplado otras estrategias para cuidarse las espaldas: eliminar evidencias, borrar bases de datos, sustracción de documentos y una cadena de información para reportar de inmediato, a los funcionarios corruptos, todo tipo de acciones que pretendan evidenciarlos como tales. Realmente, combatir la corrupción sin esperar reacciones sería un juego de niños. Por ello, para nada sorprende que se levanten voces de inconformidad para señalar una cacería de brujas. Incluso ya se escuchaban antes de definidos los resultados electorales. Nadie es intocable en el combate a la corrupción. Quien la hace tiene que rendir cuentas ante la Justicia y no puede ser superior a la ley. De ahí que los defensores de lo indefendible lo deben tener muy claro, aunque pretendan disfrazar sus verdaderas intenciones en nombre de cualquier causa que, de ninguna manera, justifica el enorme saqueo que ahora se está constatando. Tampoco las supuestas lealtades a las camarillas de corruptos son justificables.Apelar a eso sería como irnos todos por el despeñadero, como ha ocurrido en diversos planos en donde, por seguir a los líderes, la gente no razona en realidad sobre las consecuencias de sus actos. Hechor y consentidor son responsables por igual. El combate a la corrupción no puede ser con paños tibios o solo con darnos golpes de pecho. Requiere de una decidida acción y voluntad política que, esperamos, se llegue a materializar y que cada cuatro años se ofrece a viento y tambor. Ya no somos aquella sociedad en donde, en río revuelto, ganancia de pescadores. Las cosas requieren poner orden, probidad y transparencia en el uso de los recursos del Estado, así como en el procesamiento judicial de los funcionarios corruptos y sus cómplices.
09-02-2012Música y mundo
Este título es una condensación del nombre de un capítulo del libro de Cornelius Castoriadis Ventana al caos. Obra filosófica, elaborada a través de conversaciones entre dos filósofos, la referencia a la música toma un valor paradigmático, es decir creativo, quizás imprevisto. En el estilo dialogal de la obra, la Sinfonía número 4 de Schumann hace de sí misma un desarrollo desde el caos, el sin fondo, el precipicio, hasta llegar a una forma perfecta, el final, la melodía que domina el cuarto movimiento. De los detalles expertos pregúntele a un melómano ilustrado. Lo que quiero resaltar de dicho diálogo es que Castoriadis nos plantea el fracaso del socialismo a través de la burocracia, a la vez que iguala este con el capitalismo en la equivalencia de los medios de producción (la cadena de montaje, el trabajo en serie, la apropiación del valor, etc.). El diálogo de referencia expresa que la búsqueda de la verdad es una pretensión de esta –se busca lo que se pretende que sea verdad socialmente–. La evocación de los sistemas sociales no solo es política o económica, también se somete a las formas filosóficas o instituyentes sociales que tienen que ver con las formas de justicia, igualdad, derecho y ética. Esto corresponde en Castoriadis a la dimensión del imaginario social, sin la cual la sociedad no puede desprenderse de lo impuesto desde afuera (depender de Dios, del tirano, del mercado, del partido). Al salir de dos esquemas, el del conocimiento como reflejo de la realidad o el del conocimiento personal, el del sujeto –tanto si se trata de la conciencia como de la sociedad–, lo que nos forma en la capacidad de dar un sentido y significado al mundo es el llamado “esquema imaginario fundamental”. ¿Cómo podemos preferir una forma de conocimiento a otra?, si en todo lo que llegamos a saber hay una dimensión que proviene de nosotros en el sentido más amplio del término, y es lo que Castoriadis llama esquema imaginario fundamental? Este es el eje que, viniendo de lo más profundo de nuestro deseo humano, es a la vez un eje organizador del mundo, ya que lo uno no se da sin lo otro. Imaginario del yo, práctica social reconocida como deseo estructurante (de hacer o transformar algo en el mundo), etc., son los referentes sociales e históricos que nos atan al contexto humano. Estos, como notas caóticas que van y vienen en el torbellino sociocultural que vivimos, resienten lo político, que siempre viene desde lo futuro inmediato, desde el pensamiento hasta la práctica.
El perro cuidará los chorizos
Una colosal grieta crece hoy en la zona 1 de Mixco. El rompecabezas de una catástrofe se arma poco a poco en el territorio de la cordillera Alux, reducida a simple cerro por los medios de comunicación. Como referencia, hablamos de un área protegida, lo que significa que toda la actividad en su territorio está normada por reglas claras (Decreto 41-97, Ley de la Reserva Forestal Protectora de Manantiales Cordillera Alux). Sorprende saber que el área cubre casi 54 kilómetros cuadrados y está en jurisdicción de las municipalidades de Mixco, San Juan, Santiago y San Pedro Sacatepéquez, quienes, junto con los gobernadores departamentales y en apoyo al Conap, son responsables de la administración (en este caso, destrucción) de la reserva. Existe una estructura administrativa clara, con responsabilidad municipal y del Ejecutivo. De toda el área, solamente el 13 % está autorizado para uso urbano (habitantes estiman hoy ese porcentaje arriba del doble). La ley indica que el área urbana debe poseer los servicios básicos de saneamiento ambiental. Quienes conocen la zona saben que eso no es cierto. Ha sido tal la irresponsabilidad que en el territorio existe un río que fue desviado de su curso, para usos que solo los ladrones conocen. En una zona de semejante importancia, es fácil encontrar vertederos de material tóxico y basureros sobre el cauce del río desaparecido. ¿Quién autorizó las licencias de construcción? ¿Quién ha actuado con irresponsabilidad y negligencia? Los obligados a cumplir la ley. Fue como decir que no hay de que preocuparse, que los chorizos quedaron bajo el cuidado del perro, que es muy bravo. Hoy la grieta anuncia que una parte del cerro se desprenderá catastróficamente, lo que será seguido por otros cambios fisiográficos e hidrológicos. Con la intervención de la Vicepresidencia y la Alcaldía de Mixco surgió un manantial de esperanza, pero es necesario tener una idea del tamaño del problema, de los crímenes contra el ambiente allí cometidos y de los inminentes resultados de lo anterior. Al drama que seguirá a la reubicación de los habitantes del área de la grieta hay que sumar las consecuencias que un deslave de esa magnitud puede tener. El deterioro en la zona 1 de Mixco ha sido visible desde hace varios años, mientras las autoridades lo ignoraban y, usando la modalidad de multa de tránsito, se dedicaban a asaltar en uniforme de Policía Municipal a los conductores sobre la carretera a la Antigua. Si no sucede antes, los desprendimientos en la zona de la grieta vendrán cuando se instale el invierno. Tranquilizaría ver la activación dinámica del administrador y el Consejo Asesor de la reserva. Esta oportunidad debe servir para restablecer el control territorial del Estado sobre la Cordillera Alux, hacer cumplir el Decreto 41-97 y dar un escarmiento a los propiciadores de esta tragedia en ciernes.
El Centro (primera parte)
El Centro siempre fue uno de esos territorios que, a costa de comentarios ajenos y mal intencionados, fueron llenando mi cabeza de incógnitas y misterios desde que era un niño. El Parque Central, el Palacio, la Catedral, la sexta, la 18 calle, la Tipografía eran solo pistas de un mapa (¿minado?) que recorrería años después para sorprenderme a mí mismo, al tiempo que iba descubriendo, poco a poco, uno de los lugares obligatorios en la ciudad de Guatemala para todo antropólogo o sociólogo que quiera entender la cultura de los últimos 40 años. Las primeras experiencias que tengo con el Centro son de noche y van de la mano con las Semanas Santas que recorrimos junto a mi hermana y mis padres. Aún recuerdo un Jueves Santo en que me separé de mi hermana y me perdí por varios minutos entre la multitud sedentariamente religiosa. Creo que fue la primera vez que sentí impotencia. También recuerdo acompañar a mi madre a las joyerías del Portal del Comercio y a comprar estampitas de futbol frente al cine Lux. La sexta avenida estaba invadida por cientos de vendedores y recorrerla en automóvil era uno de esos lujos fortuitos de cada semáforo. Muchos años después, mi relación con el Centro adquirió otros matices. Muchos de estos recuerdos han dejado una estela de euforia que, precisamente, regresa cuando vuelvo a caminar las calles o entro inequívocamente a esos antros que frecuentábamos por horas con los amigos. Muchos de estos recuerdos, que vinieron años después, ya en mi adolescencia, están acoplados con la literatura, el arte, la amistad y una que otra novia. Eran los años noventa y el grunge predominaba en la actitud desaliñada de toda mi generación, aunque le cueste a alguno aceptarlo. El cambio de colegio a mitad de año me regaló una de las cosas más bellas que jamás había conocido: autonomía. Mis padres me dejaban en el colegio por las mañanas y, por la tarde, cuando salía, el 80 % de las veces tomaba un bus que me llevara a la Bibioteca Nacional y de allí cualquier otro, el Metrobús o cualquiera que pasara por el Periférico rumbo a la San Carlos, para llegar a casa ya en horas de la noche. ¿Qué hacía en todo ese tiempo? Vagar, supongo. Afinar detalles. Hacer apuntes. Hilvanar toda una geometría sacada de una quimera, supongo. Los días parecían eternos. Certeros. Impecables. El Centro era mi Dublín de Leopold y Stephen. El Centro era mi Praga de K. y mi París de Horacio y La Maga. Años después pienso en el pasado y en lo inexperto que fui en muchos sentidos. El Centro ahora se presenta con sus lofts, sus hipsters, sus bares cool, sus orines de medianoche y sus muestras de cine centroamericano. Ya es hora de conquistarlo de nuevo. Apoyemos a la Muca*. * Muestra de Cine Actual (www.muestradecineactual.blogspot.com)
La grave contaminación del río Guacalate
El río Guacalate nace en el departamento de Chimaltenango, atraviesa el valle de Panchoy y el valle de Almolonga y pasa por el poblado de Alotenango, antes de alcanzar la bocacosta. Unos 10 kilómetros aguas abajo de dicho poblado se le une el río Cenizas y toma el nombre de río Achiguate. A toda el área de aporte de caudales al río, hasta la altura de Alotenango, se le ha denominado cuenca alta del río Guacalate. La cuenca es de las más deterioradas del país y el río es de los más contaminados. Hace unas tres décadas uno se podía bañar en sus aguas diáfanas. Pero ahora, principalmente en época seca, es una apestosa corriente de aguas negras y basura. Afortunadamente, la cuenca es de las más estudiadas del país, lo cual es muy loable porque en ella se encuentra la ciudad de Antigua Guatemala, importante para el país por el turismo. Sin embargo, estudio va y estudio viene y el deterioro de la cuenca no se detiene. El deterioro ambiental y la ocurrencia de desastres tienen una estrecha relación de causa y efecto. El mejor ejemplo son las inundaciones ocurridas en Pastores durante la tormenta Stan y los recientes daños en Ciudad Vieja ocasionados por la tormenta Agatha. Las inundaciones en los dos poblados se debieron a situaciones similares. Varios puentes se obstruyeron por la enorme cantidad de tierra y basura que arrastró la corriente. En Ciudad Vieja, los mayores daños se debieron a la enorme erosión del suelo que provocó la tormenta, debido a la pérdida de cobertura forestal en las faldas del volcán de Agua. En un análisis de los caudales del río, medidos en el poblado de Alotenango, quien esto escribe encontró que tienen una tendencia a aumentar en los meses en que no llueve, comparados con los mismos meses de años anteriores, mientras que, en otras cuencas de la vertiente del Pacífico, los caudales tienden a disminuir. En el Guacalate, dicho incremento solo se puede explicar por el aumento del vertido de aguas negras al río. Prácticamente todos los poblados grandes en la cuenca lo hacen sin ningún tratamiento. Varios de los estudios mencionados, entre los que sobresale un Plan de Manejo de la Cuenca, efectuado por el Maga en el año 2000, proponen una serie de medidas de infraestructura para mitigar el deterioro ambiental de la cuenca. Una de las principales es la construcción de varias plantas de tratamiento de aguas negras. La semana pasada exponía que actualmente está en construcción un nuevo colector de aguas negras y pluviales para la ciudad de Antigua Guatemala. Lamentablemente, las aguas negras se continuarán vertiendo al río sin ningún tratamiento, pues no se visualiza, para un futuro cercano, la construcción de dichas plantas. |