Posesión de la tierra e impunidad
Impunidad, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es falta de castigo, ausencia de justicia. La Cicig vino a Guatemala por tal motivo, aunque está apoyada en la conciencia universal del Derecho, elemento que en determinadas circunstancias no se respeta aquí. Por ejemplo, cuando de tierra se trata, y de su propiedad legítima, han existido políticas, programas, préstamo y endeudamiento, apropiaciones, usurpaciones, amenazas... en fin, una serie de acciones, todas injustas, de apropiarse de lo que originalmente fue de los pueblos indígenas o del Estado.
Falta una investigación de fondo que aclare qué pasó con la propiedad de muchas tierras en el conflicto armado interno, ya que parte de las políticas de expansión de los terratenientes estuvo presente. También habría que realizar un inventario de qué tierras están ociosas y cuáles son las del Estado y cuáles pertenecen, todavía, a la Iglesia católica. Todo esto debe estar claro y bien registrado. Por otro lado, es lógico que parte de todo el ensañamiento de los días del conflicto armado interno estuviera diseñado para apropiarse de la tierra de campesinos. Se desconoce este extremo y debería indagarse. En materia de tierra falta investigación.
El trabajo de la Cicig, con el problema del Polochic, tiene en estos momentos una punta de lanza en cuestión de impunidad, porque la propiedad sobre la tierra ha generado las grandes controversias en este país. El problema es que nunca se le ha dado el espacio en los medios de comunicación y tampoco existía una institución dedicada a luchar contra los cuerpos que aquí ejercen presión en las esferas estatales. Este es un problema casi típico que la Cicig debe combatir porque se trata de sistemas organizados que corrompen a las personas encargadas de las instituciones y utilizan el poder público para fines particulares.
Las fuerzas paralelas al Estado exhiben ahora sus mecanismos: accionan, por otra mano, grupos armados de seguridad; eliminan la parte legal que puede dar problemas, en este caso alterando los registros de la propiedad inmueble; y finalmente entorpecen el proceso, y la Policía no accede fácilmente a dar las prueba que consignó. Por supuesto, el responsable de esto está por determinarse en el proceso legal, pero el procedimiento de aleación con fuerzas gubernativas se revela en este caso que ha cobrado ya varias vidas.
Es de una importancia capital que este caso se esclarezca lo más pronto posible para frenar lo que puede suceder en otros lugares del territorio nacional, y sobre todo que se compruebe la existencia de asociaciones organizadas para mantener un estado de impunidad en la sociedad guatemalteca, que utiliza todos los medios a su alcance para que las leyes sirvan a sus intereses. Esperamos que la Cicig cumpla con su objetivo y nos aclare qué pasa en el Polochic.
25-08-2011
Ilustración y Derecho
Ahora la vida política del país se dirime en las cortes a través de un expediente judicial que, sin dejar de ser legal (e insisto en que lo es), no deja de ser injusto. Pero ¿de qué justicia hablo? No de la que especifica un tribunal, porque yo siempre me voy a preguntar qué hubiera pasado si se hace un referéndum sobre la inscripción de Sandra Torres como candidata. ¡Hablo de un referéndum, no de una elección presidencial! Quizá podemos preguntarnos si en este caso lo que privó fue que vox pópuli no es vox dei, o sea que la voz del pueblo no es necesariamente la voz de Dios. Y aquí va de por medio la idea de que democracia y Estado de derecho no necesariamente conviven en armonía. Y en lo de la convivencia tendríamos que preguntar si en la convivencia entre ambas no se entremeten toda clase de intereses económicos, políticos, ideológicos, etc., que por cierto atraviesan los poros del Estado de derecho que tanto vitorean algunos.
La duda que me surge ante el panorama tan rígido –las mismas caras y los mismos mensajes– como al que asistimos en la escena preelectoral es, al oír las expectativas de gran parte de las personas con las que uno conversa, al oír su desaliento y sensación desabrida ante la política, le hacen reflexionar a uno en que el panorama electoral nos hace preguntarnos sobre lo que pensarán y sentirán una gran parte de los guatemaltecos/as que no van a poder votar como quisieran.
Y eso es lo malo y desalentador cuando vemos que, una vez más, nos quedamos con la guerra de encuestas, los triunfalismos y el afán de autopresentarse como los portadores de la “buena nueva política”. Si solo aceptamos el vernos como observadores aburridos de la guerra de encuestas que nos incita a creer lo increíble y seguir los mensajes de cartelones y spots publicitarios políticos.
Además de las reyertas banales en los foros de los candidatos, nos vamos encontrando con que no hay necesariamente ninguna opción política que nos aliente ante la experiencia cotidiana tan dura como la que vivimos.
Solo quedamos con la certidumbre de vivir en una sociedad especialmente azarosa y caótica, condición inevitable que coincide con el estado del sistema-mundo.
Pero lo injusto del derecho ilustrado es que solo sirve al poder y a sus beneficiarios, al statu quo. Y ahí le quedará a Sandra Torres la continuidad o la ruptura de una forma popular que quizás se dio, o tal vez no; lo que viene habrá de denostarlo en la oposición, ¿o no?
La responsabilidad es nuestra
Estamos a 18 días de la primera ronda electoral, en la que tendremos ocasión de elegir a la fórmula presidencial, a los representantes ante el Congreso de la República y a las corporaciones municipales, así como a los diputados al Parlamento Centroamericano. Hemos sido testigos de un sinnúmero de debates, foros y acciones propagandísticas que, para muchos, han llegado a alcanzar unas dimensiones insospechadas.
No obstante, en el ambiente reina la percepción de que los partidos políticos, y especialmente sus candidatos, han demostrado una inmensa incapacidad para informar a profundidad sus planes de trabajo, sus líneas programáticas y sus propuestas ideológicas (no estoy seguro de que todo esto exista, pero algo ha de haber). Muchos actores y líderes políticos, sociales e incluso religiosos exhortan constantemente a la ciudadanía a ejercer un voto “razonado”. Pero hasta el momento todos se quejan de la falta de información pertinente para que podamos tener insumos que nos permitan tomar una decisión adecuada.
El derecho a elegir y ser electo, es decir, el ejercicio ciudadano de votar o de tomar una decisión para elegir una opción entre muchas, que incluso puede implicar optar por ninguna opción, también atraviesa el límite de la responsabilidad individual de buscar información como una iniciativa personal. En otras áreas de la vida se dedica tiempo para inquirir información acerca del estado del clima, de las carreteras, de las ofertas semanales para adquirir productos en el supermercado, sobre la vida íntima de artistas o para hacer tareas del colegio o del trabajo.
Con la misma avidez se debe dedicar tiempo a conocer a sus candidatos y sus respectivas propuestas de trabajo. Es decir, hay que buscar por Internet, llamar a las casas de campaña o solicitar a los candidatos que, en primer lugar, elaboren sus planes de gobierno, luego se den a la tarea de imprimirlos y luego de entregarlos o colgarlos en una página electrónica, a fin de poder acceder a información que nos permita tener un mayor conocimiento.
No se puede pretender que, a base de frases cortas o pequeños discursos, los candidatos nos cuenten a profundidad todo lo que implica un plan de gobierno. Es tiempo de que los partidos políticos contraten comunicadores que coadyuven a los expertos en campaña para que se puedan generar canales de comunicación que acerquen a la ciudadanía de una forma distinta. La política tiene distintos ámbitos para ser apropiada. La política recorre el espacio público como la sangre en las venas de un ser vivo.
Informarse para conocer más a un candidato y su partido implica iniciar un crecimiento ciudadano. La construcción de ciudadanía debe trascender al momento del voto, implica participar, opinar, informarse, quejarse, denunciar y tener pleno conocimiento para exigir el respeto de nuestras libertades fundamentales. Ojalá que, para el futuro, aquellos actores y organizaciones que se dedican a quejarse y a criticar inicien procesos de formación política ciudadana. También para eso hay fondos internacionales y se puede vivir de ello.
Plaza Pública y Wikileaks
Es impresionante lo que han hecho las técnicas actuales sobre la comunicación. Plaza Pública, un periódico on line de la Universidad Rafael Landívar, está siendo uno de los diarios más leídos y al mismo tiempo más avanzados en cuestión de entender el periodismo como un instrumento para realizar la democracia. Votar sin saber por quién se vota es tan absurdo como la ausencia de la escogencia. Y este diario está comunicando todo lo referente a los participantes de la contienda. Después de un capítulo, propio de una película de ciencia ficción, el director Martín Rodríguez consigue que Wikilieaks lo favorezca con información sobre Guatemala.
Palabra a palabra nos vamos informando de quiénes figuran en la orquesta política y por qué. Se va develando cómo estamos en esta sociedad y cuáles son los verdaderos obstáculos que tenemos para alcanzar un país civilizado. El narcotráfico hace presencia muy pronto y se mira como el principal interesado en el proceso electoral. Pasa como indeterminado, deja sospechas, pero parte de su estrategia es saber que está aquí pero no en dónde precisamente.
Las revelaciones de Plaza Pública nos dan que pensar y nos ponen sobre aviso de un narco- estado que puede instaurarse en Guatemala con la consecuencia que eso traería. Lo otro que preocupa son los comentarios de las personas. Hablo sobre lo que la gente dice sin ni siquiera haber leído lo dicho por Plaza Pública. Estos son un resumen de los siglos de ignorancia y falta de sentido común que padecemos. Por supuesto hay sus excepciones, pero en términos generales debemos temer que la mayoría elegirá a ojos cerrados. Una gran mayoría tampoco cree en la democracia y otra piensa que ya está arreglado el pastel. Total, nos fastidiaremos. Otros llenos de la teoría del caos piensan que no habrá arreglo y que el final del mundo entero está cerca. Es lo único de lo que están seguros que hicieron los mayas. Increíble, ver para creer. Es decir que a menos de unos cuantos días de las elecciones puede que se sepa algo espeluznante en Plaza Pública como correo de Wikileaks. Quizá desde allí se haga la diferencia.
Guatemala ha de tener el récord de gente que se abstiene de leer los diarios, y el número más alto de aquellos que no creen en los partidos políticos como un punto de solución. Sin embargo hay algo que asoma en el horizonte, más de tres millones que se apuntaron para votar y una buena cantidad de gente que ahora, siendo de cualquier dirección ideológica, duda realmente que exista alguien que los pueda representar. Ojalá Plaza Pública se apure con la información y esta sea una manera más fresca de ver nuestra realidad.
Efectos del cambio climático en Atitlán
La semana pasada, Prensa Libre publicó un artículo en el que se expone que la superficie del lago de Atitlán, en Sololá, se redujo tres kilómetros cuadrados en 21 años, según un estudio del Centro del Agua del Trópico Húmedo para América Latina y el Caribe (Cathalac), basado en imágenes de satélite tomadas por la NASA. El estudio hace la afirmación con base en la comparación de la superficie del lago determinada con una imagen de 1988 y la superficie calculada con otra imagen de 2009. Esta disminución de la superficie del lago, y aunque en el artículo citado no se menciona, no es más que una manifestación de las variaciones climáticas que tienen lugar en el planeta desde siempre. No son recientes, pero sí se agudizan con los incrementos de temperatura en los últimos años y por la degradación ambiental.
La disminución del nivel del lago la corroboran los habitantes de todos los poblados asentados en los alrededores del lago. En San Juan La Laguna, en donde la pendiente del terreno a orillas del lago es suave, paulatinamente ha quedado al descubierto una playa de por lo menos 200 metros de largo. Esta disminución del nivel se comenzó a notar a principios de los años setenta y una disminución notoria del nivel se atribuye a efectos del sismo de 1976, posiblemente por la infiltración del agua en grietas y fallas geológicas activadas. Sin embargo, existen evidencias cuantitativas de una disminución de la cantidad de lluvia anual que se precipita en la región, al parecer desde principios de los años setenta.
El autor de esta nota analizó datos de lluvia anual, de 1970 a 2003, de varias estaciones climatológicas en la región del lago, publicados por el Insivumeh, y encontró una disminución de un 20 % en Panajachel, y 22 % en Santiago Atitlán, por mencionar dos lugares. En la región también se ha verificado un aumento de la temperatura de cerca de un grado y medio.
De manera que a mayor temperatura ambiente hay mayor evaporación y, al haber menos lluvia que ingresa al lago, el nivel del mismo disminuye paulatinamente. Si bien ocurren incrementos de nivel con tormentas como Agatha, esta disminución del nivel del lago ha provocado una fuerte erosión del cauce de los ríos San Fransico y Quiscab, cerca de su desembocadura. Ello provoca que, durante crecidas extraordinarias, dichos ríos aumenten su poder erosivo y en algunos sitios se coman hasta 30 metros de la orilla de su cauce, como ocurrió durante la tormenta Agatha. Sin embargo, dada esta situación, en Panajachel he escuchado decir que el problema no es que el río se meta a las casas sino que, más bien, las casas se meten al río.
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