20/11/09
La ética como rebeldía
LA COMUNICACIÓN DEL SÍ MISMO COMO OTRO.
| Rodolfo Arévalo |
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Hace unos días estuvo en Guatemala Luis Camnitzer, uno de los artistas conceptuales que más influencia ha tenido en el mundo contemporáneo. No solo por su obra, irónica, simple y al mismo tiempo crítica e inteligente, sino por su postura política, sus ensayos y sus comentarios alrededor de la sociedad y sus costumbres, que nos exigen un posicionamiento constante y cierta claridad ante lo que sucede. Camnitzer ayuda en esto último. Su pensamiento, siempre con base en la práctica del arte, es lúcido y refleja la búsqueda de explicaciones necesarias para entender y actuar en la realidad nebulosa de irresponsabilidades políticas y sociales en que nos dejó sumidos el siglo XX, que tampoco se despeja en los primeros nueve años del siglo XXI.
El 9 de noviembre se celebraba, con un extraño sabor a esnobismo, la caída del Muro de Berlín y sus consecuencias. Parecía increíble ver la fiesta que montaron en los escombros de la negación de la libertad otros líderes que ahora también le han dado un giro al término. Lo que traía inmediatamente a la mente las palabras publicadas de Camnitzer, por Woki Toki el 12 de octubre del 2008, que relacionan el trabajo del artista dentro de la perspectiva política que debe considerar el arte y que parecieran haberse escritos para esta ocasión: “Los sueños quedaron metidos en algún punto del siglo XX, quizás aplastados por los escombros del Muro de Berlín. No porque el muro fuera un protector de sueños. Más bien al contrario. Porque con ese derrumbe también se fue desmoronando la bipolaridad que dominaba el mundo. Era una bipolaridad nefasta, pero fue sustituida por un monopoder igualmente nefasto. Cuando había dos poderes en pugna se nos permitía adoptar una tercera posición, que en el fondo era la grieta donde nacían los sueños. Nos permitía entrever la utopía y pensar en que los genocidios se iban a acabar y que el mundo podría reponerse. Hoy los genocidios siguen, y tanto los cadáveres como los desechos industriales taponaron esa grieta. El mal gusto que antes se limitaba a llenarnos la boca, hoy nos envuelve. Ya no se trata de soñar, se trata de que apenas podemos dormir”.
El problema pues, está montado, las posibilidades de vislumbrar una diferente situación cada vez son menos. Entonces queda el trabajo del artista, que para Camnitzer es básicamente comunicación y en minuendo, porque lo más extraordinario de comunicar es que todos somos creadores y entonces la figura del artista tendrá que irse diluyendo. Por otra parte, este tipo de mensaje realmente ayuda a la sociedad a entenderse e inventar soluciones que aparentemente no son posibles. En el fondo es una relación de reconocimiento que tiene que ver con un agravante que va en aumento en nuestros tiempos: la ética, que cada vez es más necesaria. De la misma forma vemos que existen miles de muros, quizá más difíciles de romper que el de Berlín, cabalmente porque son construcciones internalizadas y estas ni siquiera podemos imaginarlas con facilidad. Se convierten en parte de nuestra cultura y así se mantienen.
“Los imperialismos no cambiaron, los genocidios no cambiaron, las explotaciones no cambiaron, ir a la Luna no sirve para nada y la penicilina ya no sirve. Es todo eso lo que me lleva a pensar que la única forma de resistencia que nos queda es ser éticos. Nunca me había imaginado que la ética pudiera llegar a ser un acto de subversión. Pero resistencia implica conservación. Lo que seguimos necesitando, aparte de conservar ciertos valores, es cambio. Y no sé cómo lograrlo. No envidio a la generación de mis hijos. En realidad, acá no se trata de soberbia, sino de reavivar sueños colectivos y encaminar procesos”.
Este hombre alto y entrado en años ya se fue de Guatemala y nos quedaron sus discursos. Una muestra de su arte se expone en la Antigua Guatemala en el convento de la Compañía de Jesús, en la 6.ª avenida norte entre 3.ª y 4.ª calles. Probablemente el mayor problema sea cómo proponer una ética y exigirla en libertad. |